La ley de impregnación


Uno de los programas que grabo habitualmente con mi Mythtv es Cuarto Milenio, del canal Cuatro. No es que me apasionen especialmente los supuestos misterios de este mundo, y mucho menos lo paranormal, pero me gusta conocer cuales son los miedos del subconsciente colectivo, que es lo que realmente explotan los programas de este tipo.

Cuarto Milenio en concreto viene desarrollando una línea en la que se pretende solamente dar a conocer hechos misteriosos, para que posteriormente los espectadores lleguen a las conclusiones. Si la selección de los contenidos, la realización de las dramatizaciones y la elección de los tertulianos fuese estrictamente imparcial, puede que este objetivo se lograse; pero no es así. Los hechos “paranormales” narrados suelen presentarse desde el punto de vista del “parapsicólogo” de turno, espécimen que ronda los platós televisivos presumiendo de su total desconocimiento de los principios básicos de la ciencia y de sus profundos conocimientos de todos los mitos y leyendas de la humanidad, a los que siempre se les concede la condición de prueba irrefutable. Además, estos “parapsicólogos” se rodean de artilugios y términos pseudocientíficos con los que pretender convencer a todos de que lo paranormal existe. Uno de estos términos que más me ha llamado la atención, reiterado en todos los programas, e incluso nombrado por el propio Iker el domingo pasado como verdad fundamental, es el de “Ley de impregnación”.

Según esta ley, en todo lugar donde haya ocurrido algún hecho dramático y terrible, como por ejemplo un asesinato, queda una “impregnación” de los sentimientos vividos por la víctima o víctimas, que posteriormente es detectada por los “sensitivos”, personas con un don especial que les permite ver fantasmas, comunicarse con los muertos y otras virguerías por el estilo. Además, el resto de mortales, cuando llega a estos lugares “impregnados”, escucha ruidos, voces, siente “malas vibraciones” y viven un sinfín de experiencias directamente relacionadas con esos miedos milenarios de la humanidad a los que me refería al principio, que hacen que terminen acudiendo a un “especialista” para que de una explicación plausible de estos fenómenos. Si, además, el lugar impregnado se corresponde con un domicilio, estos especialistas tienen la facultad de “limpiarlo” para que los inquilinos puedan volver a disfrutar de una estancia tranquila.

Estos “parapsicólogos”, que estudian los sucesos “paranormales” creen en almas inmortales e inmateriales, en realidades más allá de la física y la química y en energías indetectables por la tecnología actual, como son la telequinesia, la telepatía y los “centros de poder”, además de las mencionadas “impregnaciones”. Pero no dudan en aportar pruebas de estas “otras realidades” cuando las mismas son captadas por cámaras, grabadores de audio o detectores de movimientos; aparatos todos ellos que reflejan una realidad física indiscutible, aunque ellos no sepan comprenderla.

Si los espíritus son las representaciones terrenales del alma ¿cómo pueden ser vistos?¿cómo pueden mover objetos, emitir ruidos o modificar la temperatura ambiente?¿no están más allá de todos estos fenómenos tan mundanos? Cualquier persona hospitalizada, ocupando una fría y funcional habitación de hospital para ser observada, que de repente sufra cambios repentinos en su temperatura corporal, sufra alucinaciones visuales o auditivas, desmayos, etc, es seguro que está padeciendo algún tipo de trastorno físico, posiblemente neurológico. Pero si estos síntomas ocurren en la soledad de un caserón oscuro, en mitad de la noche y en medio de una tormenta, no cabe duda de que son ocasionados por un ser inmaterial, que vive en otra dimensión, pero que no se puede resistir a manipular la nuestra.

Pues que sepáis todos que la “Ley de la impregnación” es uno de los principios fundamentales de esta supuesta ciencia de la parapsicología. Es una pena que solamente puedan detectarla los “sensitivos” y que para ello no necesiten ningún aparato que registre esta impregnación. Pero, claro, en toda ciencia que se precie, la palabra del experto es suficiente, y no hace falta el volver a reproducir los hechos, ¿para qué? ¿es que desconfiáis de su palabra?

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